lunes, 3 de enero de 2011

MARRAKECH

Otro paseíto por el reino vecino. Ahora nos vamos a Marrakech con nuestros amigos Olga y Estanis. Un fin de semana larguito que aprovechamos para ver lo poco que tiene que enseñar la ciudad. A priori la excursión prometía, pero a partir del segundo día, nos dimos cuenta que era más de lo mismo. El laberíntico zoco se hacía asfixiante por la sucesión de callejuealss y tenderetes, por el gentío que lo llenaba y sobre todo por la circulación de motocicletas por las mismas calles del mercado y que literalmente tenías que andar esquivando. Curiosas las curtidurías. Aunque antes de entrar te regalan un ramillete de yerbabuena para que no te lo despegues de la nariz, el olor no es para tanto. Sí lo es la miseria que los trabajadores desprenden por todos los costados. La plaza Jamaa el Fna de día ofrece muy poco a la vista y a los sentidos en general. Por la noche, cambia como el decorado de una obra de teatro y se llena con miles de almas deambulando por los puestos de comida, contadores de cuentos y grupos con música autóctona que amenizan el ambiente. La Madraza también tiene un par de horas agradables, pero si me tengo que quedar con un recuerdo de esos cuatro días, elijo los paseos en coche de caballos al atardecer por la medina y extramuros de la misma. Lo peor de todo: las vueltas que había que dar para tomarte una cerveza. Pues como siempre, os dejo algunas fotografías de los cientos que me traje. Si quieres verlas más grandecitas, pincha sobre ellas.