lunes, 4 de noviembre de 2019

MEKNES

     Vuelta a saltar el Estrecho.

     La última de las Ciudades Imperiales que nos quedaba por visitar tras Fez, Marrakech y Rabat. A escasos 50 minutos en avión desde Sevilla nos encontramos con una ciudad como tantas de Marruecos; llena de luz y color, ruído y aromas, con su caótico tráfico marroquí y su acogedora gente. Aun sin nada nuevo, fueron tres días estupendos que disfrutamos entre amigos. En esta ocasión se nos unieron al grupo de andarines marroquines dos nuevos miembros: la Chelo y el Llorch, que supieron integrarse desde el primer momento y que espero disfrutasen de la experiencia como siempre nos pasa a nosotros, a la Mercedes, a la Olga, al Estanis y al que esto suscribe.

     Las caminatas matutinas buscando rincones para fotografiar, los regateos en la medina con alguien que no habla tu lengua pero que se hace entender, los tés  hirviendo en la plaza de El-Hédim con el aroma a yerbabuena, las comidas especiadas en la que estallan los sentidos, la caída del día y la llegada de la noche clara todavía buscando esa imagen que te llene, y por fin, esas cenitas en la terraza del riad a la luz de la  luna charlando animadamente hasta la hora del sueño, no tienen precio.

     Espero que las fotos hablen por si solas.



















martes, 11 de junio de 2019

DE NOCTURNA EN CIUDAD REAL

La culpa fue del amigo Jesús: me puso los dientes largos al decirme, vía whatsapp el viernes por la tarde, que esa misma noche tenía programada salida con colegas para intentar hacer una panorámica de la Vía Láctea.
           — Qué envidia me das !Ojalá tuviera yo un grupo con el que salir a afotar de noche aquí en Sevilla.
            —   ¡Pues vente!
            —   ¿A Ciudad Real? ¿Ahora?
            —   Son 330 kms de ná…
            —   A qué me voy…
            —   Claro que sí. Vente…
            —   A que me voy…
            —   ¡No te lo pienses más!
            —   A que me voy…
Y me fui.
Una bolsa rápida con una muda, los avíos de fotografía, depósito lleno y tira millas. Después de algo más de tres horas de cómodo paseo, llegué con la hora justa para dar un grato abrazo al amigo Jesús, comernos un pepito de ternera de metro y medio (que más que Pepito era D. José) con un par de cervezas (Mahou, qué le vamos a hacer) y recoger a la hora que tenían convenida a dos colegas más (Félix y Ángel. Luego se sumaría Jaime). A las 23:30 pusimos proa al lugar que ya tenían elegido.
Tras algunos kilómetros por asfalto nos adentramos en un camino de tierra con buen firme. Con Jesús al volante, tuvimos que sortear todos los conejos de Europa y parte de Michigan y Yokohama. Uno de ellos cruzó el carril justo por delante nuestro, y por mi madre que podría pesar tranquilamente 97.56 kilos sin despeinarse (más tarde me dirían que era un jabalí. Yo aún tengo mis dudas). Por fin llegamos a las inmediaciones de un río que no llegué a ver por la escasez de luz.
Decir que en absoluto descarto repetir la experiencia. Fueron unas horas de auténtico lujo con esa buena gente disparando fotos. Y al día siguiente, de cervezas con Jesús. ¡Qué más quieres! 
En la tarjeta de la cámara me traje lo que pude y supe. Queda mucho por aprender, mucho…
Al menos se distingue la Vía Láctea.

P. D.  Las fotos de día son en Almagro. Eso es, dónde las berenjenas. Riquísimas por cierto.
P. P. D. Para la próxima, echo en la mochila una recortá. Además de disparar fotos, ese pedazo de conejo me lo como yo…